lunes, 18 de mayo de 2009

Cuanto mejor, peor



Lo de ir por la calle tiene que te vas encontrando todo tipo de criaturas, algunas conocidas y otras no. Mirándoles a la cara, intento imaginarme sus historias, sus vidas y si son felices.
En esto iba cuando encuentro a un conocido cuyo rostro siempre reconocí como el de una persona con una vida feliz (además de su cara, conocía el resto desde hace muchos años, ya que éramos amigos).
Su cara ya no era la de siempre y, ante mi insistencia, me cuenta el por qué. Resulta que a él que siempre fue un empleado modelo, un ejemplo de colaboración y un referente en excelencia y eficacia, le habían quitado de su puesto y lo habían ascendido. Ante tal noticia me tiro a darle un abrazo, cuya fría recepción me lleva a indagar más.
La tristeza le embargaba ya que "estaba obligado a dejar su anterior cometido que le apasionaba, en el que se había especializado, por otro que aborrecía, desconocía cómo abordar, le ocuparía más tiempo de su vida y encima no le iban a pagar más".
Como quien no se consuela es porque no quiere (o porque piensa que la resignación es un defecto de nuestra cultura judeocristiana y no una virtud) me dice que lo unico bueno de su nuevo puesto es que le permite beneficiarse de tratamiento gratuito en una clínica concertada por su empresa y medicinas gratis.
-¡Qué bueno!- le digo para levantarle el ánimo. -Así podras pedir almax y tranquimacín hasta hartarte-.

lunes, 11 de mayo de 2009

Capitalismo etico


Parece que la crisis está cambiando la manera en que hacíamos las cosas. Aparentemente se acabó el despilfarro, la dilapidación, el gastar sin pensar y el comprar cuanto más caro mejor. Sin embargo, por algunos síntomas que veo, me temo que dicho cambio es más visual que real.
Así, según parece, las comidas de empresa (con sus manjares y su barra libre) no se han dejado de hacer, aunque la cuenta ya no la paga la empresa o el jefe sino que se reparte equitativamente entre los comensales, independientemente de si la criatura que come es el director general o el bedel. Igualmente me entero de que los coches de lujo ya no se muestran tanto, y si lo hacen, aparecen en escena sucios, rayados y con alguna abolladura (fruto de la acción dolosa de su acaudalado dueño) que pretende hacer pasar el Porche Cayenne por una furgoneta de reparto.
Las tiendas de marca tampoco lo están pasando bien y no porque tengan menos clientes, al contrario. La razón es que, para evitar la furia de la plebe, han tenido que poner un cartelito de Outlet u otro de Liquidación por cierre en la cristalera y entregan, a los clientes que compran, sus prendas en una bolsa del Hiperdino.
Tampoco las tarjetas oro y platino se dejan ver como antes en los restaurantes. Antes, se entregaban al camarero con la cuenta con todo un ritual de risas y fiestas. Hoy, su uso es más discreto y algún camarero me relata que sus clientes se las dan, con toda discreción, envuelta en la servilleta.
Es evidente que la crisis está cambiándolo casi todo. Lo único que permanece constante es la estupidez humana.

viernes, 8 de mayo de 2009

Te quiero, te jodo


Volviendo a casa, tres sucesos me dejan pensativo.
Cruzando el paso de peatones, una anciana abronca a quien parece ser su nieta porque no le agarra del brazo para cruzar. Más allá, veo como un conductor que se salta un semáforo en rojo y casi choca, reprocha a su copiloto el no haberle avisado. Por último, me encuentro a una pareja de amigos discutiendo porque parece que él no entiende los problemas de ella en el trabajo.
Digo que me quedo pensativo porque, en los tres casos, estas personas estaban recibiendo una descarga de energía negativa de alguien cercano sin comérselo ni bebérselo. Supongo que estas criaturas se sentirán injustamente tratadas por alguien al que simplemente tratan de ayudar, acompañar o escuchar.
Creo que si quieren culpar a alguien, deberían hacerlo con su vejez, su imprudencia o su jefe pero, claro, es más fácil (y no requiere ni un fisco de valentía) darle leña a quien tienen al lado y no puede, quiere o sabe defenderse. Es una tendencia natural, casi inconsciente, de aporrear al que tenemos más cerca antes de buscar el origen del problema.
Intento, no siempre con éxito, parar este tipo de situaciones. Para ello, en estos casos, y antes de que comience la lluvia de piedras, le recomiendo a quien intenta descargar conmigo, que si quiere pagar la rabia con alguien, que lo haga con quien se la debe.

lunes, 4 de mayo de 2009

La verdad está ahí fuera


En uno de esos sesudos informes sobre los primeros 100 días de la presidencia de Obama, leo estupefacto que el 40% de los americanos está convencido de que Dios creó el mundo tal y como está escrito en la Biblia. En el mismo estudio, leo igualmente asombrado que el 50% de los americanos es obeso.
Complicado como soy, intento elucubrar si existe alguna relación entre la sobreabundancia de lípidos y la incapacidad de discernir entre la realidad y la ficción novelada. Entro en Internet y busco cualquier referencia científica que avale mi teoría. Nada.
En búsqueda de alguna explicación racional, pienso que los habitantes de aquella gran nación son gente muy confiada ante cualquier noticia, especialmente si se difunde por medios impresos. En ningún otro lugar pueden encontrar espacio teorías imposibles, conspiraciones y cuentos sin fin.
En estos casos siempre aplico la frase "No hay mayor verdad que una mentira repetida constante y vehementemente". Sin embargo, como la frase en cuestión la leí en un periódico, no sé si creérmela.

domingo, 3 de mayo de 2009

Soñar despierto

En una conversación, medio filosófica, con una buena amiga sobre la vida y las cosas importantes, me pregunta sobre alguno de mis deseos sin realizar. Entre varios que me vienen a la mente, le cuento ese de estar con tres mujeres en la cama (al mismo tiempo, se entiende). Ante la cara de estupor que me pone, le reconozco, para animarla, que ella es una de las tres (lo que es absolutamente cierto). Sin embargo, la cara no pierde la mueca de sorpresa.

Anécdotas a parte, esta conversación me lleva a meditar sobre lo poco que, en general, expresamos nuestros deseos. Más allá de hacer la lista de la compra, la carta a los Reyes y decir qué peli ver en el fin de semana, no solemos manifestar nuestros anhelos. No se trata de proponerle a cualquiera que se monte un cuarteto con uno, sino más bien consiste en ser asertivo. La clave es expresar a los demás lo que queremos, sentimos o pensamos, siempre desde el respeto y la empatía, evitando el miedo, el pudor, la verguenza o la agresividad.

Siempre he pensado que expresar los sentimientos (dentro de una lógica) no tiene porqué ser objeto de mofa o escarnio. Más bien al contrario, merece un aplauso en los tiempos que corren, en los que la gente, de tanto ahorrar, ahorra hasta en las palabras (y no es por la crisis sino más bien por miedo a quedar a la intemperie emocional y sufrir los embates de cualquier animal de dos patas).

Yo seguiré intentando sacar lo que tengo dentro a base de palabras, porque no podría soportar tener algo bueno que contar a alguien y no decírselo. Respecto a mi deseo de más arriba, creo que cada día está más cerca: ya sólo me faltan dos.


jueves, 23 de abril de 2009

Series serias (2)


Nuevamente contraataco con una lista de series que me meto entre pecho y espalda por las noches. Ahora le toca al turno a las series de profesiones, concretamente a las que se dedican a luchar contra los malos.
  • CSI: en Las Vegas (la mejor), Miami (cuando sea mayor quiero ser como Horatio: frío como un témpano a 40 grados a la sombra) y Nueva York
  • Life: un poli que trata de recomponer su vida con la meditación ZEN. Bien hecha.
  • Mentes Criminales: un clásico que siempre sorprende.
  • Life on Mars: de cómo un accidente te lleva a trabajar en una comisaria inglesa en 1970.
  • Bones: una antropóloga contra el crimen en ayuda del FBI.
  • El mentalista: muy buena para quien prefiera usar la cabeza en vez de las pistolas para atrapar a los malos.
  • Mujer Biónica: ciencia ficción, sobre una mujer con poderes sobrehumanos.
  • Monk: el final siempre es predecible pero entretiene.
  • El Club contra el crimen: policíaca, de un grupo de mujeres contra el mal.
Como siempre, espero que las disfruten (las series, claro).

miércoles, 22 de abril de 2009

Astenia


Será la primavera, será el corre-corre, será que no sabemos para dónde vamos, pero yo veo a la gente fatal.
No es que uno piense que todos los días tenemos que estar de risas y fiestas, no. Sin embargo, nunca observé tal cantidad de gente llorando por las esquinas. De tanta lágrima se me ha bajado la tensión hasta a mi, que llevo una dieta estricta de viagra (o era de proxac, bueno no sé, mientras suba algo, da igual con qué).
La verdad es que no sabía que hacer hasta que recordé que visitando Santiago de Chile, vi gente que iba repartiendo abrazos por allí. No sé si era el traspaso de energía, el optimismo, el contacto o la risa que producía aquella situación que la gente salía del abrazo sonriendo.
Pues ni corto ni perezoso (y menos cuando se trata del contacto interpersonal) he empezado hoy una terapia de abrazos. Da igual con quien (bueno, evita a los osos grises, a los erizos de mar y a la gente con mala leche) pero te animo a que abraces todo lo que puedas.
Así que, si me ves venir tienes dos opciones, o corres o te expones a un abrazo de los míos de buena energía. Y si notas algo duro, será el móvil (o no).

sábado, 11 de abril de 2009

Coctelera


Algunas cosas no tienen solución y otras sí. Tradicionalmente gastamos nuestras energías pensando en arreglar lo irresoluble, mentras dejamos olvidado aquello que se puede mejorar.
En esto, me dan cierta envidia los chinos. Leo por algún lugar que, en chino, el ideograma utilizado para expresar el concepto crisis es el mismo que el que utilizan para expresar oportunidad.
Ciertamente, el de la crisis es un tema que no había querido abordar (dicho así parece que fuera un barco mercante y yo un bucanero). Me aburre, es más, estoy rebosado de tanta crisis. Como si fuera una de las enfermedades de nuestras abuelas, todo el mundo compite para decir que está peor que los demás, que lo suyo es más grave y más doloroso.
Sé que tras una desgracia, un cierto periodo de duelo es necesario. Sin embargo, tras este lapso de tiempo, es absurdo regodearse en el malestar. Es tiempo del optimismo bien entendido, es decir, de una mezcla bien agitada de esperanza y sudor. Creo que el buen espíritu y la tenacidad en la consecusión de los objetivos son necesarias para salir adelante.
Sólo añadiría a la mezcla una pizca de riesgo y de buenas ideas. La imaginación en la búsqueda de nuevas soluciones a los problemas de siempre es lo que puede diferenciarnos del resto y llevarnos al éxito.
Y si no es así, no importa, ya que siempre podemos volver a empezar. Porque como decía Einstein, la única manera de no equivocarse es no hacer nada. Y ya se sabe, quien nada hace, nada tiene.

viernes, 10 de abril de 2009

Amar en tiempos revueltos

En estos días de vacaciones me encuentro con algunas amigas y conocidas. Noto en algunas de ellas un cierto desánimo amoroso. Como el tema me interesa, pregunto sin pudor sobre el particular.
Las que consigo sacar del "yo ya paso, lo doy por perdido" me dicen que, hoy en día, la mayoría de los hombres "no tienen mucho que aportar, son inseguros e incapaces de hacer cierta gracia" (eso me pasa por preguntar).
Inasequible al desaliento, sigo indagando y me llevan a una teoría que me sorprende. Resulta que "ya no queda ningún buen partido". La frase me lleva, como si fuera una máquina del tiempo, al pasado. Un pasado tan pasado como las películas de Marisol, las gafas de pasta de las azafatas del Un dos tres o la tele sin mando a distancia.
Claro que lo del buen partido queda en una nebulosa poco definida. Parece que es alguien de familia bien (y si tiene más de dos apellidos, mejor), con un buen puesto y buen salario, con vajilla y cubertería especial para cuando vienen los invitados y, sobre todo, con una apariencia impecable (y no me refiero a belleza sino a aparentar, ya saben).
Sin entender semejante argumento, recomiendo a esta amiga, que si quiere verdaderos referentes sobre lo que buscar en un hombre, que escuche a una de mis cantantes preferidas, Alanis Morissette, en "21 things I want in a lover".
Es una canción que me pongo cuando siento que me estoy apartando del buen camino y quiero recordar un recopilatorio de valores que deberían definir a las personas como tales. Es que yo soy muy simple, y quizás por eso nunca he entendido que alguien busque un buen partido, pudiento tener un buen entero.

martes, 7 de abril de 2009

Mars attack


Caminando por la calle estos días de luna casi llena, miro al cielo y pienso lo increíble que sería que hubiera alguien ahí fuera. No me refiero a que alguien viva ahí fuera, en la calle, sino ahí fuera, en el espacio.
Películas de marcianos y extraterrestres aparte, un encuentro con seres de otra galaxia sería el acontecimiento del siglo, o del milenio quizás. Me imagino a esos seres verdes un poco flácidos y me recuerda a las gelatinas que me hacía mi madre.
Bueno, pues yo les haría un gran recibimiento (aunque sólo sea por el recuerdo de mi infancia), aunque como somos tan cretinos igual los recibimos a cañonazos, con una bomba atómica, o un disco de Julio Iglesias a dúo con su hijo a todo volumen.
Esto me hace recordar una breve noticia que leí hace algún tiempo. En la Nasa lanzan una sonda para buscar señales biológicas en otros planetas fuera de la vía láctea. Claro, hartos de buscar sin éxito vida inteligente en la Tierra, han decido buscarla en el espacio.

sábado, 4 de abril de 2009

Atascado


Caminando por la calle, me encuentro a un conocido. Tras el apretón de mano viene el contarnos brevemente cómo nos trata la vida.
Tras las frases de rigor me dice que me ve más canoso que la última vez. En respuesta, le indico que yo, en cambio, le veo igual de estreñido que en nuestro último encuentro (bueno, en realidad, no se lo digo pero lo pienso).
Para forzar la despedida, le digo que llego tarde a mi clase de italiano. El animalito, en otra muestra de sinceridad innecesaria, me aclara que estudiar ese idioma es un esnobismo.
Claro, uno es tranquilo, pero no llega al límite de querer ser martirizado para lograr la santidad. Por ello, le explico que, estudiar italiano no es un esnobismo, sino algo útil sobre todo si uno viaja por Italia y que hay más personas en Europa hablando ese idioma que español.
"Además, amigo, para esnob lo tuyo, porque te da por jugar todas las semanas a empujar una pelotita con un palito para meterla en un hoyo dentro de un campo de cesped o por fumar unos puros apestosos hechos a mano y traídos desde nosedonde o por darle jamón del bueno a la rata grande a la que tú llamas perro."
Pues sí, aunque contentó me quedé, no quise despedirme sin una recomendación a su salud. Por eso le sugerí que dejara la dieta de higos picos, "porque te tupen y te dejan mala cara". Ciao.

jueves, 2 de abril de 2009

Opio


La religión no ha sido nunca el centro de mi vida (ni el centro ni la periferia ni un punto en el horizonte), pero de vez en cuando hago alguna reflexión sobre ella.
Lo hacía hace bien poco leyendo los problemas que tienen los vecinos palestinos e israelíes. También cuando escuchaba las proclamas de los ayatolas o de aquellos de más allá que imponen el burka a sus mujeres e hijas o de los otros más al sur que se resignan a su karma. También viendo a Benedicto adoctrinar desde su infalibilidad en dogma de fe extendida a los asuntos mundanos.
Viendo, oyendo y leyendo lo que las religiones tienen que ofrecerme, más ateo me siento. Y es que yo, cuando conozco a alguien no le pregunto por su fe o si come cerdo o si está circuncidado o si venera a las vacas o si está bautizado. No me interesa ni una pizca.
Sólo me preocupa si es feliz, si desprende buena energía, si se alegra de los éxitos ajenos, si hace el bien a los demás, si ve cada cosa como una aventura y una ilusión, si no juega sucio para conseguir lo que busca, si usa la cabeza para ser más sabio, si está concienciado con el medio ambiente, si se siente libre, curioso y comunicativo, si piensa que otro mundo es posible, si hace reír y todas esas pequeñas cosas sin apenas importancia. Ya saben.
Si es así, todo lo demás me trae sin cuidado, especialmente la fe que profese. Porque, si no nos ha separado el hombre, no permitiré que lo hagan los dioses.