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viernes, 5 de diciembre de 2008

sexo, mentiras y política


Me entero que surge un partido político que aboga por el sexo como medio de resolución de los conflictos. De tanto que aplaudo, se me ponen las manos rojas.
La emoción disminuye algo cuando me entero de que el asunto se va a montar (no sé si la palabra es acertada en este contexto) en Australia. Y es que parece que la censura es más férrea que lo que desean los promotores de esta iniciativa. No me he enterado bien de sus objetivos, aunque me los imagino y me da un cierto gustirrinín...
Más allá de la propuesta de que las disputas se resuelvan a polvos y no a tortas, encuentro válida la crítica a la hipocresia social. Veo mucha gente escandalizada de que haya tantas revistas eróticas en los kioskos o erotismo en la tele. No les veo protestar, sin embargo, por el tabaco que vende el mismo kiosquero o la violencia física y verbal que emana de la caja tonta. Toda esa basura provoca cancer de pulmón, violencia y mala lecha, mientras que lo otro, como máximo, te dejaría una mala erección.

martes, 20 de mayo de 2008

Miénteme Pinocho


Alguien me pide que le dé mi opinión del nuevo vestido que se ha comprado. Yo le contesto educada pero sinceramente. Desde entonces no sólo no me habla, sino que además evita encontrarse conmigo. Parece claro que no buscaba mi opinión sino confirmar sus propias ideas.
Esto me deja perplejo, porque siempre intento decir lo que pienso de manera cordial, rechazando dar mi opinión brusca o descarnadamente, pero también me repele mentir como un bellaco.
Sin embargo, vivimos en una época donde a nadie le importa la opinión del otro, especialmente cuando no coincide con la propia. Por ello, he decidido que si alguien me pregunta sobre mi parecer, antes de responderle me aseguraré de conocer si realmente quiere saber cómo pienso. Si la respuesta es no, mentiré como Pinocho. Afortunadamente, a mí no me crece la nariz como al niño de madera.