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lunes, 24 de mayo de 2010

El futuro no es lo que era

Parece que la crisis ya no es crisis sino una nueva forma de vivir y de consumir. Las estadísticas dicen que cada vez ahorramos más, miramos más lo que gastamos y en qué.
No es que estemos inventando nada nuevo, sino que estamos recuperando lo que hacíamos hace algún tiempo, viejas costumbres y hábitos.
Los talleres de reparación (desde el coche a los electrodomésticos) tienen más trabajo que nunca, los zapatos ya no se cambian cada dos por tres sino que se les ponen tapas nueva y a correr, las fiestas y reuniones de amigos o familia se hacen más en casa que en restaurantes. La tintorería la pisamos menos: se lava y plancha en casa. Pero no sólo, porque en el super compramos menos cosas superfluas o comidas preparadas y  más marcas blancas. 
Con los niños ocurre lo mismo, el carro, la ropa y toda la parafernalia logística los heredan los hermanos, los primos y los hijos de los amigos como se hacía hace 20 años. Igual  con las fiestas de cumple: en casa y con Nocilla. Y es que puede haber algo más bonito que ver a unas criaturas devorando sandwiches de foigras y bebiendo fanta Hacendado.  Finalmente, lo divertido es el con quién no el cómo ni el dónde.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Cornudo y apaleado


El estupor me nubla la mente cuando leo que en Estados Unidos han quebrado más de 500 bancos en los últimos tiempos. Pero el estupor no es por eso claro, sino porque el gobierno americano ha invertido una cantidad enorme de dinero (tan grande que, traducido a pesetas, ocuparía la mitad de esta entrada) en intentar salvar a estas empresas privadas.
Así de pronto no me parece ni bien ni mal: es su dinero, bueno, el de los contribuyentes de aquel país. Lo que me calienta es que ese salvamento se realiza sólo para aquellas empresas privadas que han contribuido a la crisis con sus productos financieros basura, sus riesgos incontrolados y sus sobresueldos en forma de stock options. Las empresas y autónomos que se han dedicado estos últimos años a hacer cosas reales y a crear puestos de trabajo y que, ahora, tienen problemas y quiebran, no reciben ni un dolar.
Hace 20 años, cuando cayó el muro de Berlín, los banqueros americanos proclamaron el fin del Estado y la hegemonía del mercado. Pasó el tiempo y resulta que los Gobiernos y no la mano invisible del mercado han tenido que intentar salvar los muebles. ¡Qué bien! ¡Viva el Estado!
Sin embargo, sigo sin entender nada de todo esto. Buscando una metáfora, sería como si un matón te diera una patada en los cataplines y tuvieras que pagarle el traumatólogo porque se hizo daño en el pie.

martes, 13 de enero de 2009

Sexo polar

Comienzo la semana tremendamente preocupado. Resulta que los máximos representantes de la industria porno americana solicitan ayudas por los problemas económicos de su negocio.
Esta noticia me pone los pelos como un puercoespín. Pensaba que el sexo, probablemente la actividad más antigua del ser humano (junto con la recolección y la realización de pinturas rupestres) nunca podría estar de capa caída.
De hecho, estoy seguro de que Internet no habría tenido tanto éxito sin la inestimable ayuda de millones de mirones en busca de páginas eróticas de todo tipo. Sin embargo, parece que la crisis lo desinfla todo, según anuncian los representantes de las empresas americana de producción de erotismo.
Creí, erróneamente por lo que se ve, que la crisis obligaría a la gente a estar más en casita para ahorrar y que, claro, ¿que va a hacer uno en este invierno con el frío? Pues juntarse con la criatura más cercana en busca de calor.
Parece que me equivocaba y que, o la fuente de calor más próxima es el radiador (con el consiguiente peligro de quemaduras genitales) o es cierto que la crisis afecta a nuestros más primitivos instintos. Y yo que pensaba que habíamos evolucionado hacia el homo erectus. ¡Qué horror!

domingo, 16 de noviembre de 2008

Bendita crisis (2)


Casi he dejado de ver el periódico en el desayuno. El otro día lo abrí y al empezar a leer pensé que estaba en la página de Sucesos cuando en realidad estaba leyendo la de Economía.
No dejan de aparecer malas noticias. No es raro: una profesora de periodismo me decía que " las buenas noticias no son noticia" y que "la noticia no es que un perro muerda a un niño, sino que un niño muerda a un perro". Con semejante enseñanza se explica uno el pesimismo que expelen los medios de comunicación y la mala leche de los que los siguen.
Yo rebusco por si hay algo positivo y ahí encuentro un titular que me conmueve. Resulta que desde hace unos meses el índice de divorcios ha bajado considerablemente al tiempo que se incrementa el número de parejas que vivían cada uno por su lado y ahora deciden vivir juntas. Como soy un romántico, casi se me llenan los ojos de lágrimas.
Al poco un desalmado me saca del engaño: es que con la hipoteca es imposible separarse porque con un sueldo solo no da para pagar la cuota. Además, si dos se van a vivir juntos, ahorran un alquiler. La realidad me entristece profundamente.
Esto me reafirma en una de mis más profundas creencias: la ignorancia nos ayuda a ser más felices (ojos que no ven.....).

lunes, 6 de octubre de 2008

Bendita crisis


Independientemente de si lo que está cayendo es crisis o granizo, ambos tienen muy mala prensa. Sin embargo, así como los trozos de hielo que caen del cielo producen bastantes destrozos y nada bueno, de la crisis se puede sacar alguna bondad.
Aunque sea bastante impopular, es justo reconocer que la necesidad agudiza el ingenio y nos incentiva a progresar. Por eso me gustaría ir poniendo ejemplos de cosas que seguro que mejoran en esta coyuntura.
Resulta que de tanto hablar de crisis, unos porque no pueden y otros porque les ha entrado el porsiacaso, no gastan tanto como antes (convirtiendo una bola de nieve en una avalancha en los Alpes) disminuyendo el habitual consumismo y favoreciendo hacer algunos ahorrillos.
También podemos hablar del precio de los pisos. Según parece empiezan a bajar y en algunos sitios no solo bajan los nuevos, sino también los de segunda mano. Y como aún quedan muchos por vender, se están poniendo de alquiler, lo que es otra buena noticia.
Tampoco es para que se quede para siempre, pero esta crisis ayudará a que reflexionemos antes de gastar el dinero al tiempo que pone en su sitio a los que se aprovechaban de nuestra necesidad (o vicio).

sábado, 24 de mayo de 2008

Currante de mañana, consumidor de tarde




Esperando al ascensor, llega un vecino bien contendo cargado de bolsas. Por el volumen de lo que lleva, ha dejado medio vacios algunos centros comerciales, varias franquicias y algún que otro gran hipermercado.
Al verme tan curioso me dice que ha encontrado la manera para superar lo de la crisis. Aunque es evidente mi desinterés, como no puede más, me cuenta su secreto: compra productos de fuera, en grandes tiendas o por Internet, porque está todo muy caro, y para eso está la globalización, ¿no?
Asustado le pregunto si trabaja en el extranjero, porque si no, la alegría le durará poco. Por la cara que pone parece que le estuviera hablando en arameo. Le explico despacito que, aunque la competencia es buena para el consumidor, si uno lo compra todo "de fuera", las tiendas "de aquí", donde trabajamos el 90% de los currantes "de aquí" no venderán ni un alfiler. Por esto, tendrán que despedir a trabajadores "de aquí" y disminuir las compras a los proveedores "de aquí", que a su vez tendrán que que despedir a sus trabajadores "de aquí" y disminuir las compras a sus proveedores "de aquí", en un circulo vicioso y finito (hasta el día que no haya nadie al que echar a la calle).
En esto, llega el ascensor y entro. El vecino me indica que espera al siguiente, que va muy cargado y no cabemos los dos. Me lo dice con una cara tan apesadumbrada que parece que lo que tuviera cargada fuera la conciencia.

viernes, 18 de abril de 2008

Liquidación por cierre


Me encuentro a uno que lee mi blog (son tan pocos que me los conozco a todos) que me pregunta, con mala leche, si he abandonado su escritura, porque hace más de una semana que no pongo nada. Le miro y por la cara que tiene, deduzco que él lleva más tiempo estreñido, que yo sin escribir. Aunque no se lo digo, claro.
De regreso a casa voy caminando y veo que las cosas no va bien. Es rara la calle en la que no haya un local liquidando por cierre, traspasándose o simplemente vacío y en alquiler.
Hasta ahora no me había fijado en ellos. Puede ser porque voy mirando al suelo o porque ahora hay muchos más, y eso se nota. Incluso en calles comerciales, antes muy codiciadas para poner un negocio, resulta que ahora tienen locales disponibles que no se consiguen rellenar.
Me llena de incertidumbre, porque siempre había pensado que comprar era consustancial al ser humano moderno en nuestra civilización. Tengo que averiguar dónde nos estamos gastando el dinero. Si no es aquí, deber ser en otra parte o es que acaso, ya no necesitamos llenar de cosas nuestras vidas.