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viernes, 12 de diciembre de 2008

Cogito ergo sum


Somos lo que comemos. Cuando oí por primera vez esta frase me quedé petrificado. Recordé toda la cantidad de carne de vaca loca y pollo con hormonas femeninas que había comido de adolescente y me imaginé a mi mismo tarado, con tetas y plumas como un pato.
Luego me enteré que semejante mutación no era ni inmediata ni tan brusca, por muchos bocatas de pechuga que te hubieras metido por el gaznate. Aunque aquello me calmó, desde entonces cuando voy a un restaurante siempre pregunto si tienen carne sin hormonas.
Leo otra frase que me impresiona, pero esta vez favorablemente: somos lo que pensamos. Esta vez sé que tampoco me lo tengo que tomar tan en serio (si no tendría aquello como el de Nacho Vidal de tanto pensar en lo único y no es el caso).
La entrevista donde la leo me parece muy interesante y pone de relieve la íntima relación entre la mente y el cuerpo. La importancia del buen pensamiento se manifiesta en la medicina tradicional china y en otras formas ancestrales de curación, aunque numerosos cretinos se empeñen en decir que hay que pensar mal para acertar.
El artículo este me deja pensando en cosas muy positivas y poco después me siento físicamente más animado (la gripe no perdona). ¿No es esto prueba básica del circulo virtuoso del buen pensamiento?

jueves, 4 de diciembre de 2008

Taxi driver

Numerosos estudios demuestran que los taxistas son, después de los psicólogos argentinos, el gremio que más contribuye a la intercomunicación entre desconocidos. Aunque no lo recordaba con nitidez, yo ya conocía esta capacidad de establecer conversaciones sin ton ni son, a diestro y siniestro. No en vano, mi abuelo era taxista.

Sin embargo, no me acordaba de cuán profundo y particular era el análisis de la realidad del profesional del taxi hasta estos últimos días. La necesidad de ir de un lado a otro, relativamente rápido y sin medio de locomoción propio, me obligó a utilizar el taxi frecuentemente.

Deseoso de conocer qué se ve tras el prima ovalado del parabrisas, hacía como que preguntaba al chófer sobre algo (tras dar las buenas horas y la dirección, claro). Indefectiblemente, mi pregunta era obviada y la conversación (monologo diría yo, porque la conversación requiere que dos hablen sobre el mismo tema en momentos sucesivos) se dirigía a la preocupación del conductor.Siendo la mayoría de los temas comunes, eran vistos por cada taxista desde posiciones tan dispares que se dirían que vivieran vidas en universos paralelos, opuestos, paralepípedos o bipolares.

Que la realidad depende del cristal con el que se observa es conocido, aunque nunca pensé que si el cristal era el de un parabrisas, la realidad se distorsionaba aún más

jueves, 16 de octubre de 2008

Felice ma non troppo


Casi coincidiendo en el tiempo leo dos libros que tratan sobre la felicidad en la empresa de dos maneras muy distintas. Uno, El principio de Peter, lo hace desde el humor más desternillante, con soluciones de risa ante cualquier amenaza contra la felicidad del trabajador. El otro, El despido interior, es un nuevo libro de autoayuda para quien desee analizar el problema desde un punto de vista menos gracioso.
Poco después, viendo el programa de unas jornadas dedicadas a la gestión empresarial me llama la atención una conferencia dedicada a la felicidad en la empresa. Como el tema me interesa, me apunto sin dudarlo.
La conferencia tiene un gran interés e intenta explicar de manera bien clarita que un empleado feliz trabaja mejor que uno amargado. El aplauso a tal punto de vista fue generalizado ( el 90% de los que estabamos allí eramos empleados y el resto supongo que empresarios o gestores de recursos humanos por la cara de pocker que ponían).
A pesar de su importancia, la felicidad en la empresa (y en la vida, claro) sigue siendo muy poco tratada, casi como si fuera una materia de unos pirados que no saben lo que dicen. De hecho, la mayoría de nosotros pasamos de puntillas sobre ello, como si tuvieramos una especie de anestesia local de cuello para arriba. O es que acaso tenemos claro lo que nos hace felices e intentamos conseguirlo cada día.

viernes, 25 de julio de 2008

Lo malo de las buenas ideas

Nunca he tenido nada contra las buenas ideas. Al conrario, me encantan.
Por eso, cuando un companero de trabajo me dijo que en este blog deberia haber un hueco para contar mis viajes, me parecio una gran acierto.
Claro pero as buenas ideas siempre tienen un fallo, si no serias excelentes ideas. En este caso, el asunto es que la idea la tenia que poner en practica yo.
En este pequeno problema venia yo pensando incomodamente sentado en un avion de Lufhansa que volaba hacia Chennai (India) con el burdo pretexto de pasarme por alli mis vacaciones
La verdad que aunque la idea no sea excelente la voy a poner en practica (con la dificultad extra que en este teclado no hay no tildes ni ene, bueno no es ene sino la ene con un palito encima de la ene, o sea esa letrita tan nacional nuestra de Espana).
Lo dicho. Donde haya una buena idea que se quiten los teclados incompletos.