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lunes, 24 de mayo de 2010

El futuro no es lo que era

Parece que la crisis ya no es crisis sino una nueva forma de vivir y de consumir. Las estadísticas dicen que cada vez ahorramos más, miramos más lo que gastamos y en qué.
No es que estemos inventando nada nuevo, sino que estamos recuperando lo que hacíamos hace algún tiempo, viejas costumbres y hábitos.
Los talleres de reparación (desde el coche a los electrodomésticos) tienen más trabajo que nunca, los zapatos ya no se cambian cada dos por tres sino que se les ponen tapas nueva y a correr, las fiestas y reuniones de amigos o familia se hacen más en casa que en restaurantes. La tintorería la pisamos menos: se lava y plancha en casa. Pero no sólo, porque en el super compramos menos cosas superfluas o comidas preparadas y  más marcas blancas. 
Con los niños ocurre lo mismo, el carro, la ropa y toda la parafernalia logística los heredan los hermanos, los primos y los hijos de los amigos como se hacía hace 20 años. Igual  con las fiestas de cumple: en casa y con Nocilla. Y es que puede haber algo más bonito que ver a unas criaturas devorando sandwiches de foigras y bebiendo fanta Hacendado.  Finalmente, lo divertido es el con quién no el cómo ni el dónde.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Más es menos


Todos los pensadores que leo afirman que la felicidad se sustenta en la posibilidad de controlar la propia vida dentro de las alternativas que tengamos.
Coinciden con ellos los apostoles del libremercado que insisten en las ventajas de una oferta amplia de opciones de consumo que favorece el bienestar coletivo. No es mentira esto último, pero es una verdad a medias.
Lo que pasa es que el bienestar colectivo no es igual a la felicidad individual. Así lo afirma B. Schwartz en un libro que llevo a medias. Cree el autor que la sobreabundancia de opciones de todo tipo entre las que elegir no sólo no nos dan más utilidad sino que nos generan más insatisfacción. Debemos dedicar más tiempo a analizar todas las opciones, el riesgo de equivocarse es mayor y las consecuencias psicológicas de los errores son mayores.
Parece que lo mejor sería tener menos oferta y renunciar a encontrar lo mejor conformándonos a alcanzar lo bueno. Seguramente en este mundo en constante evolución de la oferta, lo mejor es inalcanzable y su búsqueda el camino a la frustación.
Por eso, cuando voy con el carrito por el super, ni me molesto en encontrar el yogurt más rico, cremoso, sano, barato, etc. Me conformo con elegir el que me gusta de siempre y punto. El tiempo que me sobra, lo dedico a pasear.

jueves, 9 de octubre de 2008

Animalito


Siempre me ha gustado pensar que lo que nos distingue de nuestros ancestros es la evolución de nuestra capacidad de raciocinio.
En esta ilusión sinóptica estaba yo cuando recojo del buzón un catálogo de una gran superficie anunciando un ahorro gigante. Dos ofertas me llaman la atención: una con la que ahorramos 0,57 euros en total comprando 8 bricks de leche y otra con la que ahorramos 80 centimos con un pack de 4 botes de suavizante para lavar la ropa.
No veo mucha ventaja en el invento (más bien es un engaño de tontos) porque para no gastar una pequeña cantidad te arriesgas a que la leche se te caduque o debes buscar sitio para los botes que dejarán tu ropa suave y esponjosa, y además pagarlos hoy mientras que no terminarás de gastarlos hasta dentro de 280 lavados (un año y pico).
Convencido de lo inutil de este supuesto ahorro me quedo de piedra (pomez) cuando me entero que la promoción de la gran superficie ha sido todo un éxito y se han quedado sin existencias.
No puedo sino retractarme sobre el supuesto raciocinio del homo consumidor. Queda claro que la única diferencia con nuestros antepasados es que tenemos menos pelo (y ni siquiera todos).

sábado, 24 de mayo de 2008

Currante de mañana, consumidor de tarde




Esperando al ascensor, llega un vecino bien contendo cargado de bolsas. Por el volumen de lo que lleva, ha dejado medio vacios algunos centros comerciales, varias franquicias y algún que otro gran hipermercado.
Al verme tan curioso me dice que ha encontrado la manera para superar lo de la crisis. Aunque es evidente mi desinterés, como no puede más, me cuenta su secreto: compra productos de fuera, en grandes tiendas o por Internet, porque está todo muy caro, y para eso está la globalización, ¿no?
Asustado le pregunto si trabaja en el extranjero, porque si no, la alegría le durará poco. Por la cara que pone parece que le estuviera hablando en arameo. Le explico despacito que, aunque la competencia es buena para el consumidor, si uno lo compra todo "de fuera", las tiendas "de aquí", donde trabajamos el 90% de los currantes "de aquí" no venderán ni un alfiler. Por esto, tendrán que despedir a trabajadores "de aquí" y disminuir las compras a los proveedores "de aquí", que a su vez tendrán que que despedir a sus trabajadores "de aquí" y disminuir las compras a sus proveedores "de aquí", en un circulo vicioso y finito (hasta el día que no haya nadie al que echar a la calle).
En esto, llega el ascensor y entro. El vecino me indica que espera al siguiente, que va muy cargado y no cabemos los dos. Me lo dice con una cara tan apesadumbrada que parece que lo que tuviera cargada fuera la conciencia.