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sábado, 8 de mayo de 2010

Apagón sin revolcón

Leo una de esas frases célebres, ésta de Bernard Shaw que dice que las personas que funcionan bien en la vida son las que al levantarse por la mañana buscan las circunstancias que quieren, y si no las encuentran, las inventan.
Hace unos días, la zona en la que vivo se despertó a oscuras. No es que fuera de noche todavía a las siete de la mañana sino que, por causas que solo saben explicar los ingenieros, no había luz eléctrica.
Lejos de hundirme en la miseria o acordarme de la madre del que instaló la estación transformadora de la compañía eléctrica, pensé en que aquel pequeño imprevisto podía traer algunos beneficios. Tras intentar darle un revolcón a la parienta con la escusa de la falta de luz, caí en la cuenta de que lo más conveniente en ese momento era buscar velas y mechero. 
Ya con algo de luz me recreé en mi barba del día anterior que tendría excusa para llevar al trabajo (mi afeitadora es eléctrica) y como no pude perder tiempo con el ordenador o ponerme a hacer el tonto (habitual para perder el tiempo) me hice un sandwich, me tomé un yogurt y a la calle.
El día empezó bien: puntual, desayunado y sin afeitar. ¿Qué más podía haber pedido? Ah, sí claro, el revolcón.

martes, 13 de enero de 2009

Sexo polar

Comienzo la semana tremendamente preocupado. Resulta que los máximos representantes de la industria porno americana solicitan ayudas por los problemas económicos de su negocio.
Esta noticia me pone los pelos como un puercoespín. Pensaba que el sexo, probablemente la actividad más antigua del ser humano (junto con la recolección y la realización de pinturas rupestres) nunca podría estar de capa caída.
De hecho, estoy seguro de que Internet no habría tenido tanto éxito sin la inestimable ayuda de millones de mirones en busca de páginas eróticas de todo tipo. Sin embargo, parece que la crisis lo desinfla todo, según anuncian los representantes de las empresas americana de producción de erotismo.
Creí, erróneamente por lo que se ve, que la crisis obligaría a la gente a estar más en casita para ahorrar y que, claro, ¿que va a hacer uno en este invierno con el frío? Pues juntarse con la criatura más cercana en busca de calor.
Parece que me equivocaba y que, o la fuente de calor más próxima es el radiador (con el consiguiente peligro de quemaduras genitales) o es cierto que la crisis afecta a nuestros más primitivos instintos. Y yo que pensaba que habíamos evolucionado hacia el homo erectus. ¡Qué horror!

viernes, 5 de diciembre de 2008

sexo, mentiras y política


Me entero que surge un partido político que aboga por el sexo como medio de resolución de los conflictos. De tanto que aplaudo, se me ponen las manos rojas.
La emoción disminuye algo cuando me entero de que el asunto se va a montar (no sé si la palabra es acertada en este contexto) en Australia. Y es que parece que la censura es más férrea que lo que desean los promotores de esta iniciativa. No me he enterado bien de sus objetivos, aunque me los imagino y me da un cierto gustirrinín...
Más allá de la propuesta de que las disputas se resuelvan a polvos y no a tortas, encuentro válida la crítica a la hipocresia social. Veo mucha gente escandalizada de que haya tantas revistas eróticas en los kioskos o erotismo en la tele. No les veo protestar, sin embargo, por el tabaco que vende el mismo kiosquero o la violencia física y verbal que emana de la caja tonta. Toda esa basura provoca cancer de pulmón, violencia y mala lecha, mientras que lo otro, como máximo, te dejaría una mala erección.

jueves, 3 de abril de 2008

10 años erecto


No hablo de mí. Mis ganas. Me refiero a los 10 años que lleva con nosotros la famosa pastillita azul: la Viagra.
Lo que en aquel tiempo surgió de manera estruendosa como la solución a la principal amenaza del hombre moderno (ya se sabe que si la cosa no te sube, te pones triste), se ha convertido en algo tan cotidiano como el Prozac.
Sin duda, el Viagra tuvo un favorable efecto social ya que ayudó a salir del armario a impotentes funcionales que ahora lucían orgullosos sus botitos plásticos con los pequeños tesoros azules en su interior.
Desde aquel momento, la vida en la alcoba ya no fue lo mismo y las mujeres lo saben bien. Con la llegada del milagro, un nuevo mundo de orgasmos diarios se abrió ante ellas. Aunque con el tiempo, esta visión optimista fue cambiando (lo poco agrada, lo mucho cansa) y pronto tuvieron que recurrir al clásico dolor de cabeza y otras invenciones similares para tener la fiesta en paz (o mejor dicho, para que no hubiera fiesta).
Lo que me sorprende es la manera en que se descubrieron sus efectos erectivos puesto que, originalmente, era un medicamento para tratar la hipertensión. Me parecen maravillosas las vueltas que da la ciencia y me pregunto si alguna vez, buscando algún medicamento para la impotencia, los investigadores podrán encontrar de casualidad algo para que empecemos a usar la cabeza.