sábado, 8 de mayo de 2010

Apagón sin revolcón

Leo una de esas frases célebres, ésta de Bernard Shaw que dice que las personas que funcionan bien en la vida son las que al levantarse por la mañana buscan las circunstancias que quieren, y si no las encuentran, las inventan.
Hace unos días, la zona en la que vivo se despertó a oscuras. No es que fuera de noche todavía a las siete de la mañana sino que, por causas que solo saben explicar los ingenieros, no había luz eléctrica.
Lejos de hundirme en la miseria o acordarme de la madre del que instaló la estación transformadora de la compañía eléctrica, pensé en que aquel pequeño imprevisto podía traer algunos beneficios. Tras intentar darle un revolcón a la parienta con la escusa de la falta de luz, caí en la cuenta de que lo más conveniente en ese momento era buscar velas y mechero. 
Ya con algo de luz me recreé en mi barba del día anterior que tendría excusa para llevar al trabajo (mi afeitadora es eléctrica) y como no pude perder tiempo con el ordenador o ponerme a hacer el tonto (habitual para perder el tiempo) me hice un sandwich, me tomé un yogurt y a la calle.
El día empezó bien: puntual, desayunado y sin afeitar. ¿Qué más podía haber pedido? Ah, sí claro, el revolcón.

martes, 27 de abril de 2010

Intolerancia justa


Una amiga a la que aprecio (la misma que busca un hombre normal) me habla del eneagrama. Por un momento lo confundo con un enema y se me ponen los vellos como un cactus solo de pensar en ofender a mis nalgas.
Pero no, resulta que el eneagrama es otra cosa. Es un medio para conocer la personalidad de los individuos y mejorar su interrelacion con otros individuos. Mi amiga le añade otro punto ventajoso: ayuda a ser más tolerante con los demás.
Por ahí no paso, de eso nada. No me considero el tipo mejor del mundo cuando me dicen que es casi imposible hacerme enfadar, que soy buena persona y tralaritralará. Más bien, me considero un poco tonto, como si servir de felpudo a las inmundicias ajenas tuviera algún merito. Pues no lo tiene y encima deja un cierto pozo de amargura porque a veces tolero a gente, cosas que no les toleraría ni su señora madre mientras que a mi no me toleran que esté tranquilito en mi trocito de mundo sin molestar a nadie.
Probablemente profundice en lo del eneagrama, pero no en busca de tolerancia sino más bien para poder ver venir a los intolerantes y hacerles un corte de manga mientras se acercan. Frente a la intolerancia, mejor poner un puño antes que la otra mejilla.

lunes, 19 de abril de 2010

Discúlpeme la sonrisa


Iba yo con mi buen rollo por la vida, sin molestar a nadie, cuando una amiga que me tiene en alta estima me dice que está preocupada por mi.
No lo pillo, porque de entre todas las criaturas que pululan alrededor, seguro que hay muchas que necesitan más consuelo y cariño que este servidor. Aún así, me intereso por lo que tiene que decirme.
Resulta que me recomienda que no vaya por ahí contento ni feliz, ni que esté indisimuladamente de buen humor. La razón que me da para explicar esto me deja frío. Y es que resulta que la envidia recomienda que modere mi expresión de bienestar.
Me explica que, según su experiencia, hay mucha gente que, no sólo está jodida por sí misma sino que además, ve empeorar su estado malestar emocional a causa de la felicidad ajena. Por ello, intentan, en un esfuerzo porque todos estemos igual de mal, fastidiar a los que están bien, es una especie de búsqueda del equilibrio infernal.
El consejo lo aprecio, claro, pero creo que no lo voy a seguir. No porque no valore el riesgo de llevar la contraria a los que están desesperadamente infelices. Al contrario, lo valoro y mucho, pero si no expresara cuando me siento bien, al final, acabaría sintiéndome mal y no habría diferencia alguna entre ellos y yo. Y eso es algo que no voy a permitir por muchas susceptibilidades que pueda herir.

martes, 6 de abril de 2010

Un hombre normal

 
En una comida a la que asistí hace algún tiempo, en un grupo de amigas, apareció e la típica conversación sobre las parejas. Aunque el tema es más viejo que el NODO, cada una lo tomó con una ilusión que parecía que era la primera vez que se trataba.
A pesar de mi escasa capacidad de observación humana (soy hombre y torpe, aunque suene repetido, lo segundo es agravante), en la conversación se podían distinguir los diferentes puntos de vista sobre las parejas actuales y futuribles. Unas callan (es mejor no decir que mentir), otras cuentan sus cuitas más o menos habituales de la convivencia y otras se quejan de que, en estos tiempos, no hay hombres normales con los que unir sus vidas.
Puede que tengan razón: entre los que salieron del armario, los que no están en el mercado y los que están evidentemente tarados, la oferta no es muy amplia, que digamos. Sin embargo, lejos de amedrentarse, una de las intervinientes me define lo que ella considera el tipo de hombre que busca: un hombre normal. Sería un tío moderadamente extrovertido, buena persona, que cumpla sus compromisos, serio pero no aburrido, con sentido del humor inteligente, con una amplia cultura que le permita hablar de todo, estable porque eso de estar un día arriba y otro abajo marea mucho, con una mentalidad abierta, algo espiritual, trabajado psicológicamente, etc, etc, etc, etc.
A partir de ese momento y durante los siguiente dos minutos de descripción que siguieron, mi cerebro desconectó. No porque yo, que me consideraba un tipo normal me convertía en un despojo humano según mi amiga, sino porque eso tan normal era, en realidad, absolutamente excepcional. Antes de despedirnos, le deseé toda la suerte del mundo en su búsqueda de su hombre "normal" y le rogué encarecidamente que me llamara cuando lo encontrara. Igual podríamos sacar un dinero, exponiéndolo en algún circo o en una feria de esas que van por los pueblos.
Si alguien tiene dudas del rumbo de su empresa, diré que aún sigo esperando su llamada.

lunes, 22 de febrero de 2010

Viaje con nosotros: Nueva York (4)

 
Nueva York tiene mucho que ver y en eso estamos mientra cae una nevada como no había visto en mi vida (lo cual es normal porque vivo en una isla tropical).
Las bibliotecas antiguas tienen algo especial, entre sabiduría y olor a libros mirados por muchos ojos. Así es la Biblioteca pública de Nueva York.
También tiene sabor añejo la Catedral de San Patricio a la que llegamos justo en el miercoles de ceniza y así nos reciben: dispuestos a pintarnos una cruz en la frente. Yo me hago el sueco (hablo raro, aparezco de rubio y me hago el luterano) para evitar el trance de decirle al padre Flanagan que yo no comungo. Sorry. En la iglesia de San Bartolomeo me libro por los pelos (aún me dura el rubio de bote).
El Moma nos impresiona. Resulta que en la puerta nos encontramos con Custo Barcelona, que yo pensaba que era una marca y resulta que es un señor. Qué cosas tiene la moda!
Tras pasar por enésima vez por Central Park (hoy la nieve te llega a la cintura) nos dirigimos al Empire State con un frío que si te da por escupir, el salivazo cae en forma de escarcha.

Al día siguiente continuamos con la tradición tan española de gastar en lo que no necesitamos y con cara de desesperado nos dirigimos al Jersey Gardens Mall a unas tienditas que nos atraen con la palabrita outlet.
Pero a la vuelta aún tenemos tiempo de pasar por varios sitios y entre ellos por el Madison Square Garden con la bella intención de ver un partitido de basket de los Nicks. Pero no te vistas que no vas, porque hoy no hay partido. Bueno, pues ya tengo una escusa para volver a la Gran Manzana. I love NY.

domingo, 21 de febrero de 2010

Viaje con nosotros: Nueva York (3)

Cae la nieve y no es una frase hecha. Es que cae que jode y blanca como la nieve. Y eso tampoco es una frase hecha.
Resulta que después de 20 años sin caer mas de 30 copos seguidos, a las nubes les ha dado por ponerse a nevar a cubos. El espectculo es bello pero gélido.
Para denunciarlo, nos dirigimos al edificio de la ONU, que está medio raido, por cierto, y donde nuestra resolución de sanciones a los meteorólogos es rechazada por el Consejo de Seguridad con el veto del tipo que estaba cuidando el lugar porque el resto ni se presenta. Ni falta que me hace porque agarro un taxi (tampoco es de aquí el taxista) y tiro para el Guggenheim a disfrutar de la belleza del arte moderno y de un edificio que es arte igualmente.
Mas abajo de la quinta avenida y dejando Central Park nevado hoy hasta las rodillas, visitamos el Metropolitan y disfrutamos de un arte más clásico, al gusto de cualquier paladar que se emocione ante la belleza.
Caminando hacia el sur atravesamos la zona del Rockefeller y su pista de patinaje donde la gente intenta no perder los dientes al caerse como fardos sobre el hielo. Aunque mi primer impulso es lanzarme al ruedo, me imagino a mi dentista llorando al contarle que perdí quince piezas, un empaste y tres puentes al chocar contra la valla de protección, y se me quitan las ganas.
Como estamos inspirados, y con ganas de cantar y dar palmas, compramos unas entraditas para el musical Hair que tan buenas críticas ha recibido por parte del hermano y la madre de uno de los que se encargan del atrezzo de la obra. Me descubro ante tanta gente con talento y maldigo mi falta de oído para la música que me priva de tocar siquiera la zambomba en Navidades sin desafinar como un serrucho.

sábado, 20 de febrero de 2010

Viaje con nosotros: Nueva York (2)

¿Que sería de Nueva York sin su Estatua de La Libertad? Pues sería como París sin su Torre, Sevilla sin la Giralda o el bocata de chorizo y queso amarillo, sin queso amarillo: un mundo incompleto.
Pues eso, las lágrimas nos caen a chorros de la emoción de encontrarnos ante tamaño monumento al libre albedrío humano. De la emoción y del frío que hace, que se te mete por la nariz y te sale por los ojos en forma acuosa. Unos turistas asiáticos creyendo que lo nuestro es un rollo emotivo nos abrazan y dicen que comparten nuestros sentimientos. Animalitos
La isla de Ellis nos sobrecoge por su significado de embudo de todos aquellos que llegaron en busca de un salario honrado por un trabajo honrado y se encontraron con un honrado filtro de sus esperanzas.
Como estamos fuertes y valientes emprendemos un bello recorrido por Wall Street, la iglesia de la Trinidad y recorremos la mitad del puente de Brooklyn. Alguien me preguntó una vez que qué se encontraría uno tras recorrer la otra mitad. Brooklyn, creo.
En Chinatown vemos la resaca del año nuevo chino que lo siguen celebrando con las mejores ofertas de Rolex a 150 y bolsos de Channel very cheap que te comentan por las esquinas. Pues que bien porque ni uso reloj ni bolso, amigo. El Soho y Greenwich Village nos reciben con el bullicio típico de cualquier dia del año por estas fechas. O sea, nada especial pero muy bonito, oiga.

viernes, 19 de febrero de 2010

Viaje con nosotros: Nueva York (1)



Siempre pensé que lo de San Valentín o Dia de los enamorados era un invento del El Corte Inglés. Pues no, señora, no.
Resulta que no y me vengo a enterar empezando uno de mis viajitos, éste por Nueva York porque aquí tambien existen centros comerciales (aunque la batuta la lleva
Bloomingdales).
Además, se nota que Obama ha llegado con otro talante. Ahora, en el control de entrada del aeropuerto no te hacen un interrogatorio de 2 horas, ni te desnudan, ni te hacen un tacto rectal si tienes la tripa dura.
Simplemente, te sacan una foto (después de 8 horas en el avión seguro que quedé como una piltrafa) y te toman las huellas (para los capítulos del CSI, y luego te ves a Horatio sacando tu careto en la base de datos de delincuentes fichados y jurando que se las vas a pagar).
Terminado el trance de entrada, Nueva York nos recibe con un taxista que no es de allí(encontrar uno del lugar es tan dificil como encontrar una aguja de cuatro pétalos en un pajar de tréboles).
Paseando por la Gran Manzana, recorremos en un primer contacto, Times Square, la zona de Broadway y Central Park nevado hasta las canillas. I love NY.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Orden y concierto


Mi madre tiene una curiosa teoría. Dice que el año que empieza, comienza como el año que acaba.
Por eso, nos recomienda que paguemos deudas, aclaremos cuentas y asuntos, terminemos cosas a medias, porque si no empezaremos de igual manera: un poco manga por hombro. Como buen hijo, hago caso a mi madre e intento atar todos los cabos sueltos que puedo.
Miro atrás y veo un 2009 en el que cumplí muchos sueños (trabajé duro para ello) y miro adelante y veo otros que me esperan.
Creo que 2010 será aún mejor: no por nada es un año 10.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Desverguenza aprendida


En estos días de compras estoy solucionando los últimos regalos. Al ir a pagar me encuentro con una dependienta que tiene un botón de la camisa desabrochado a la altura del pecho.
Sin más interés que el de que no parezca desarreglada, le comento lo del botón. Ella me lo agradece pero quien me acompaña me mira como si hubiera dicho algo inapropiado
Es en esos momentos en los que me gustaría tener un libro de buenas maneras y normas sociales varias con el que poder validar mi conducta. También lo aplicaría, por ejemplo, para saber si le tengo que decir a alguien con quien hablo, que tiene un trocito de lechuga del bocata del desayuno entre los dientes. O que queda mejor elegir por la mañana los dos calcetines del mismo color (aunque menos moderno, claro).
Es difícil acertar en este asunto. Creo que en un mundo en el que todo fluyera sin dificultad, nadie se tomaría a mal si le dijeran algo así. Al contrario, supongo que lo agradecería.
No creo que exista un libro al que consultar estas cosas, sino que cada uno tiene que aplicar su propio criterio. Por si acaso, si me ves con la cremallera del pantalón bajada, no dudes ni un segundo en decírmelo. Bueno, a menos que te guste lo que ves.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Más es menos


Todos los pensadores que leo afirman que la felicidad se sustenta en la posibilidad de controlar la propia vida dentro de las alternativas que tengamos.
Coinciden con ellos los apostoles del libremercado que insisten en las ventajas de una oferta amplia de opciones de consumo que favorece el bienestar coletivo. No es mentira esto último, pero es una verdad a medias.
Lo que pasa es que el bienestar colectivo no es igual a la felicidad individual. Así lo afirma B. Schwartz en un libro que llevo a medias. Cree el autor que la sobreabundancia de opciones de todo tipo entre las que elegir no sólo no nos dan más utilidad sino que nos generan más insatisfacción. Debemos dedicar más tiempo a analizar todas las opciones, el riesgo de equivocarse es mayor y las consecuencias psicológicas de los errores son mayores.
Parece que lo mejor sería tener menos oferta y renunciar a encontrar lo mejor conformándonos a alcanzar lo bueno. Seguramente en este mundo en constante evolución de la oferta, lo mejor es inalcanzable y su búsqueda el camino a la frustación.
Por eso, cuando voy con el carrito por el super, ni me molesto en encontrar el yogurt más rico, cremoso, sano, barato, etc. Me conformo con elegir el que me gusta de siempre y punto. El tiempo que me sobra, lo dedico a pasear.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Bufón


En todo desierto siempre hay un oasis. Seguramente dentro del desierto de ideas en que se ha convertido el mundo del espectáculo, podríamos considerar a Leo Bassi como un afluente de agua fresca.
Lejos de anteriores presentaciones provocadoras hasta el esperpento, Utopía, sorprende. El bufón (se pone el mismo este apelativo) italiano renuncia a hacernos reír (aunque reímos como locos) y se enfrasca en una crítica mordaz a nuestra vida de brazos (y cerebros) caídos.
Nos quiere ver cabreados con lo que pasa en el mundo de las finanzas, de la política, de la cultura, de los curas. No queda títere con cabeza. Al tiempo, emociona rememorando su infancia, un mundo lleno de esperanza.
De ahí el nombre de su espectáculo, Utopía. Utopía como proyecto optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación pero que nos permite avanzar como sociedad y como seres humanos individuales.
Soñar es gratis, intentar alcanzar los sueños no tiene precio. Para todo lo demás, MasterCard.